domingo 9 de diciembre de 2007

Una conversación con Manuel Fernando Macías, autor de La criminal pasión de poseer




Libros de la Herida:
La criminal pasión de poseer. ¿Por qué este título?

Manuel Fernando Macías: Pues porque me pareció muy moderno, muy actual, aunque tenga unos milenios. Es un verso de Ovidio, "amor sceleratus habendi". Creo que es uno de esos versos que dan sentido a lo que uno escribe y a lo que uno ve.


Libros de la Herida: “A todos los hombres –a las mujeres– / La infancia nos huele a cal y a canto”. La infancia, ¿es la patria verdadera, como quería Rilke?.

Manuel Fernando Macías: No creo que sea una patria, pero sí un barrio o al menos una casa de vecinos. Sin duda hay percepciones extraordinarias de las que sólo disfrutamos cuando somos niños. Pero no todas las infancias han sido nuestra infancia; de la de Rilke ni te hablo. La infancia para la gran mayoría de niños de este mundo es, más que una patria, la tapia de un cementerio.


LH: Resulta llamativo, porque no es muy frecuente, que haya en muchos de tus poemas una mirada poética sobre la militancia: reflexiones, sensaciones… que hacen referencia a las dificultades, conflictos, virtudes, aventuras… de la militancia social, política ¿Era algo que tenías premeditado o es que los versos que te nacieron fueron caminando por ahí?

MFM: Creo que es difícil que la militancia social, ciudadana, política, no asomen por los versos. No me parecen malas experiencias, malos materiales para la poesía. Han sido siempre caminos recorridos y seguirán siéndolo. Ahí tenemos a Enrique Falcón, que para mí es un ejemplo de militancia, de ciudadano poeta, y, mirando hacia atrás, a Maiakovski, Hernández, Neruda, etc., que demuestran que, sin ser los únicos caminos, es recomendable dar un paseo por ellos de vez en cuando. Si se quiere, por supuesto.


LH: Hay un poema que siempre nos ha impresionado, por su elocuencia, y por su vigor, su electricidad: “Menage a trois”. El sentido de propiedad destruyendo la aventura. El milagro del amor diluyéndose por la especulación burguesa. Una historia seductora contada en unas pocas palabras.

MFM: Pues me agrada que os complazca. En realidad tendemos a la propiedad, y más que a esto, a la posesión. Creo que en ese matiz engarza el poema con el fondo común del libro, con el libro en sí. Y la propiedad, la posesión, van contra la libertad. Sencillamente. El sentido de la posesión es voraz. Esclaviza, devasta.


LH: En La criminal pasión de poseer hay tristezas, pero no resulta un libro amargo. Es duro, pero hay también en él mucho sitio para la esperanza, para los convencimientos, para las energías enfocadas a la acción, a pesar de los pesares, a pesar de todo.

MFM: Yo creo que hay sitio, siempre, para la esperanza. Los tiempos parecen ir demostrando lo contrario, pero la solución no es arrojar la toalla, aunque la toalla esté manchada por demasiada sangre, por demasiada gente que perdió la ilusión sangrando. La esperanza y la alegría, creo, son fundamentales para seguir caminando, para seguir haciendo, para seguir conociendo.


LH: Dices:

TEORÍA

La libertad son los gatos.

TEORÍA POLÍTICA

La libertad son los gatos.
Atrápalos.

¿La poesía es también una forma de hacer, una forma de acción? ¿De qué forma, en qué manera?

MFM: Claro. Tal vez se pueda discutir acerca de las formas de acción, pero a mí me resulta un instrumento válido. Para la acción, digo. La manera en la que yo utilizo ese instrumento, que seguramente desafina, es utilizarla para decir lo que veo, y para encontrar a gente que lo ve también, aunque no lo haya dicho nunca. Si es acción, no es individual, es una acción que implica a más de uno, lector-escritor y, lo que prefiero, gente que escucha. Si además luego dice y hace, misión cumplida.


LH: “Somos la orilla de la voz. / El abismo del grito” ¿Qué nos separa para una mejor comunicación –de los unos con los otros, de todos con todos-?

MFM: Qué y quienes. Pues tienen, yo creo, nombre. La mayoría de los medios de comunicación. Es paradójico pero la información se sirve en un solo plato del que comen-comemos todos. Casi todo nos conduce al aislamiento: la estructura de las ciudades, la sociedad competitiva, el horario laboral, el transporte. Y el hombre necesita decir y que le digan, necesita sociedad. Por eso los nuevos medios de comunicación, sobre todo internet, están siendo yo creo que básicos para cubrir esa necesidad.


LH: ¿Se escribe como se vive? ¿Se vive como se escribe?

MFM: En el Caribe sí... Creo que ambas cosas, pero si uno vive como escribe, mejor. Con no ser lo contrario a lo que se escribe ya hay un paso, pero la vida y la obra, para mí no son polos opuestos. Aunque comprendo a quien es lo contrario, y a veces incluso lo admiro. Entiendo que la honestidad en el trabajo de uno es lo mínimo que se nos puede pedir.


LH: Parece haber en este libro mucho de recuento, de resumen del tiempo vivido.

MFM: En todos los libros que uno escribe el tiempo acaba sellando. El poema puede servir de fotografía. Es otra posibilidad. Pero sí es cierto lo que dices. En el libro miro hacia atrás, que también es mirar adelante, y sobre todo miro a quienes están detrás, a los que conozco y a los que ya no conozco. Aparecen muchos.


LH: ¿Qué le pides a un poema como lector?

MFM: Le pido la verdad. Y si la tienen, la dan, la sangran.


LH: Una curiosidad, ¿por qué optas por iniciar cada verso con mayúscula?

MFM: Pues la verdad es que creo que hay libros que requieren la mayúscula a principio de verso, por razones diversas y dispersas. Igual este es uno. Está la opción estética, esa que nos enseñan en las clases de literatura y que dice que cada verso tiene una función importante, propia, dentro del poema. Pero tiene su parte también de herencia, de otros a los que he leído, gente como Nicanor Parra, Huidobro. Lo cierto es que es una opción que no va con todos los textos.


LH: ¿En qué estás trabajando, poéticamente, ahora? ¿Tienes algún proyecto concreto, algo que esté perfilado, o vaya perfilándose?

MFM: Tengo algunos. Estoy revisando dos libros anteriores a este, Cama de Arañas y Hombre se escribe con hacha. El segundo está más avanzado que el primero. También estoy sumando poemas a un libro nuevo, para el que aún no he decido título. Este proyecto tampoco va mal.


LH: ¿Cómo se ve el mundillo poético y su actualidad desde Cádiz, ni más ni menos? (en la ciudad, en el país).

MFM: Pues se ve desde el sur. Lo veo bien, es decir, mal. No tienes un contacto físico permanente con eso que se llama mundillo, pero tengo el gusto de tener cerca a gente como Miguel Ángel García Argüez o David Franco, por citar a dos hermanos, y ellos acercan debates, enriquecen, ponen al día. La red de nuevo es fundamental para saber qué se cuece por otros lugares, cómo se van haciendo las cosas.


LH: Dinos algunos poemarios que te hayan sorprendido, interesado recientemente y que nos recomendarías.

MFM: Pues algunos poemarios han sido: Las vitrinas del asco, de Manuel Pacheco; todo lo escrito por Luis Melgarejo; Yo también pude ser Jacques Daguerre, de Alexis Díaz Pimienta; La poesía ha caído en desgracia, de Mestre; Desde la eternidad, de Eliseo Diego; Lenguajes, de José María Gómez Valero; Todas la puertas abiertas, de Pedro del Pozo; y Compañero enemigo, de Juan Antonio Bermúdez.


LH: La poesía, ¿es sobre todo una herramienta de comunicación? (una comunicación, ¿de qué índole?), ¿es sobre todo un vehículo de indagación y conocimiento? (un conocimiento, ¿de qué especie?)

MFM: Sí, es un vehículo de conocimiento. La mayoría de las veces se piensa que mediante la poesía el autor se conoce más y mejor. Yo creo que no. Mediante la poesía el autor conoce a otros, conoce el mundo, es más una cuchara que trae el alimento del mundo hacia la boca. Lo contrario puede suceder, pero no lo veo tan claro. Para mí es una manera de conocer al otro, al que es diverso.


LH: ¿Cuándo dices: aquí hay un poema, esto es poema?

MFM: Cuando tienen voz propia. Cuando el poema dice lo que uno ha querido escribir. Y si dice más, eso se gana.


LH: Más allá o más acá de la poesía, ¿qué otras artes influyen, si alguna influye, en tus dedicaciones poéticas?

MFM: Pues influyen artes y artesanías. Que suelen ser lo mismo. Cualquier película te hace pensar, la literatura de otros te hace escribir, la música…alguien que cura animales, alguien que salva la vida, alguien que trabaja honestamente, la gente, que tiene arte.


LH: Tu música preferida (tus clásicos, tus últimas sorpresas y descubrimientos).

MFM: Los clásicos míos. El rock, español cuando uno era más joven, inglés luego, el rock duro digo. Algunos cantautores, Krahe, Plá, mucha gente. Con el tiempo los clásicos también se olvidan. Sorpresas de última hora, Los aslándticos y Gerad Quintana.


LH: En narrativa: tus clásicos, tus últimas sorpresas y descubrimientos.

MFM: Un sorpresa que es un clásico, o debiera serlo: Desde el Jardín, de Kosinski. Belén Gopegui no deja de sorprenderme, bueno Valle Inclán o Pío Baroja no dejan de sorprenderme. Italo Calvino, casi todo. Y no puedo olvidar dos novelas para ser enmarcadas, de Alberto Porlan ambas. Una reciente, Donde el sol no llega, y otra clásica y poco conocida pero para mí fundamental: Luz del Oriente.


LH: En cine: tus clásicos, tus últimas sorpresas y descubrimientos.

MFM: Chaplin y Bogart. Vampiros en La Habana. Amanece que no es poco. Mis clásicos. Mi último descubrimiento es que tengo que ir al cine más a menudo.


LH: Algunos aprendizajes de tu trayectoria poética, de tu aventura con las palabras, que te apetezca compartir.

MFM: Uno que ha sido fundamental. El de escribir pensando en que luego tiene que ser leído en voz alta. Ese me parece crucial. Creo que hace que escribas para decir, y que busques ritmo y complicidad a la vez.