Libros de la Herida: Pedro, ¿qué te motiva –arrastra, empuja– a escribir?
Pedro del Pozo: Escribir poesía es un acto más de la vida. Nunca he pensado en vivir sin la posibilidad de escribirla, de participar de ella.
Desde luego lo que me impulsa no es sólo una cosa, pero destacaría las ganas, o tal vez la necesidad, de comunicación.
LH: ¿Qué le pides a un poema como lector?
Pedro: Que sea honesto y que diga algo, y si puede ser que consiga crear un mundo en miniatura.
LH: ¿Descartas mucho de lo que escribes, tiras mucho a la papelera, te guardas para ti exclusivamente muchos textos?
Pedro: Sí, bastante, quizá un 90%. Forma parte del proceso creativo.
LH: En una reseña de Todas las puertas abiertas en el periódico Diagonal la poeta María Ángeles Maeso escribe: prevalece la belleza de un lenguaje intensificado y extremadamente sintético. Un personal modo de concentrar la mirada que vuela del yo al mundo y viceversa. Lo público enredado en lo íntimo. ¿De qué manera se relacionan Pedro del Pozo ciudadano y Pedro del Pozo poeta? ¿Quién lea Todas las puertas abiertas se acerca a ti? ¿Estás mucho tú, personalmente, tu experiencia, tu vida, en tus poemas? (Acordémonos de Whitman: Quien lee esto, no toca un libro, toca un hombre).
Pedro: Pedro ciudadano y Pedro poeta son lo mismo, no podría concebir mi ciudadanía sin mi poesía.
Evidentemente hay mucho de mi vida y mis experiencias reflejado en los poemas que construyo, aunque hay zonas que se resisten más a la poesía y otras que conviven con ella con fluidez.
LH: Whitman, Maiakovski, Emily Dickinson, Jim Morrison, Bob Dylan, Kerouac… Hay tal vez en Todas las puertas abiertas ecos, lecturas, de autores que originalmente escriben en otras lenguas. En castellano se podría nombrar a Cortázar, por ejemplo. ¿Algún, algunos, autores españoles que te hayan influido especialmente, a tu entender?
Pedro: En primer lugar mis compañeros/as de viaje más cercanos en estos caminos. También Alberti y Lorca. Entre los hispanoamericanos también nombraría a Vallejo y a Neruda.
LH: Siguiendo con esas lecturas o influencias, se observa la combinación de una voz vigorosa, con confianza en la voz poética y sus posibilidades, y a la par afectiva (Whitman, Maiakovski), con una voz más intima, una intimidad sentida y reverberante, vivible por el lector (Emily Dickinson). La convulsión entremezclada con la delicadeza. Lo mostrado respirando al lado de lo oculto. La poesía como punto de reunión de lo vivo. Escribe María Ángeles Maeso: Una poesía vitalista que no entrega lecciones ni doctrina, sino el gozo de un lenguaje que surge del deseo y crea belleza. ¿Te preocupa la belleza de los textos? ¿Cómo definirías esa belleza? ¿Hasta qué punto trabajas tus poemas? Tus poemas dan, a veces, una impresión grande de inmediatez, de libertad en el decir como vocación estilística.
Pedro: Digamos que trato de ocuparme de la belleza en mis poemas, sí, pero una belleza maldita, sin limitaciones ni estereotipos, sin que nadie venga a decirme esto es poesía y esto no.
No sé si mis poemas están o no muy trabajados, están tratados con cariño, con mimo, pero trabajados no lo sé.
LH: Otra combinación llamativa: la del discurso ordenado, descriptivo, racional, con la mirada alucinada, irracional… pero en cualquier caso con voluntad de comunicar, ¿no?
Pedro: Siempre, la poesía sin comunicación no existiría, cuando llevo a cabo una lectura pública y noto que un poema, un verso, una palabra, ha llegado, me lleno de alegría, de fuerza, de ganas de vivir, es algo realmente mágico que nunca deja de sorprenderme.
LH: ¿Cómo trasladas tu experiencia al lenguaje poético, cómo es este proceso, cómo funciona?
Pedro: Muchas veces voy pensando en algo, le doy vueltas y el poema toma forma en mi cabeza, otras veces cojo el lápiz o me siento delante del ordenador y las palabras surgen pausadamente, sin aspavientos, mostrándome aquello que trato de explicar, aquello que me ha ocurrido o que he observado y para lo cual busco respuesta.
LH: Dado tus estudios y tu dedicación profesional, casi es inevitable preguntártelo: ¿Hay relación entre poesía y ciencia? ¿Cuál, cuáles?
Pedro: Sí, claro que hay relación, ambas son actividades humanas, ambas son procesos creativos, ambas exploran y buscan, no podría no haberla.
Son campos que comparten muchas características: tratan de describir/explicar la realidad, están sujetas al contexto, sus verdades son relativas, son totalmente dinámicas, y una parte muy importante de ellas se sostiene en la comunicación del hallazgo.
Además, en la docencia, campo en el que yo trabajo la ciencia, me encuentro día a día con otro aspecto común: la curiosidad.
LH: ¿Qué te aporta a tu trabajo poético tu implicación en el colectivo La palabra itinerante?
Pedro: Antes he comentado la gran influencia que sobre mí tienen los compañeros/as de viaje, pero además La palabra itinerante contribuye a un entorno estable tanto en lo poético como en lo personal, a la vez que supone un magma creativo de gran importancia.
LH: Has impartido talleres de creación literaria en diversas ocasiones, desde hace años… ¿Cómo fue la experiencia? ¿Se puede enseñar la poesía?
Pedro: Una experiencia magnífica, sin duda.
La poesía es tan vital que es imposible pensar que no se puede aprender a construirla, todo es susceptible de enseñanza/aprendizaje, y la poesía no va a ser una excepción, aunque haya gente que, a las alturas que estamos, todavía se lleve las manos a la cabeza con este tema.
LH: Le das mucha importancia a la recitación, a decir el poema de viva voz. Has participado en muchos foros con tus versos. Parece que hay un público interesado, creciente (festivales, encuentros…), en escuchar a los poetas. ¿La poesía está de moda?
Pedro: Creo que no se trata de que esté de moda, sino de que sabe aprovechar los márgenes, los huecos que la sociedad actual deja, para llevar el mensaje de que las cosas pueden ser diferentes, sinceramente pienso que es así, pero claro, soy poeta, ando en esto.
LH: Estuviste en una formación inicial, prehistórica casi (aún no había llegado a la dirección musical Jorge Peñafiel, aún el grupo no había empezado a tocar fuera de Sevilla), del grupo poético-musical Circo de la Palabra Itinerante. Hace mucho tiempo de aquello, ¿no? Quizás diez años. Allí, en la voz y en los poemas, además de José María Gómez Valero y David Eloy Rodríguez, que siguieron después con el grupo, estabas tú y también Pablo Bouzada (El niño Carajaula más tarde) y Pablo Terradillos, y asimismo músicos como Jaime García Malo, Javierín Saltodemata o Jorge Mendoza. ¿Cómo fue la experiencia? ¿Qué recuerdos guardas? ¿Por qué no continuaste con el proyecto del Circo?
Pedro: Es una etapa de la cual me siento orgulloso, la experiencia fue increíble, la mayoría de los recuerdos gratos, pero no se puede estar en todos lados, simplemente mi vida tenía abiertos otros caminos y los preferí.
LH: Más allá o más acá de la poesía, ¿Qué otras artes influyen, si alguna influye, en tus dedicaciones poéticas?
Pedro: Principalmente la música, la poesía que hay contenida en el rock me ha dado mucho.
LH: Tu música preferida (tus clásicos, tus últimas sorpresas y descubrimientos).
Pedro: Citaré tres: The Doors, John Lennon y Triana.
Últimos descubrimientos: Days of the New, Los Delinqüentes y Tinariwen.
LH: En narrativa: tus clásicos, tus últimas sorpresas y descubrimientos.
Pedro: Por encima de los demás: Julio Cortázar.
Últimos descubrimientos: La casa de las bellas durmientes, de Yasunari Kawabata.
Ahora estoy leyendo Bajo el volcán , de Malcolm Lowry, regalo de un amigo.
LH: En cine: tus clásicos, tus últimas sorpresas y descubrimientos.
Pedro: Un director que siempre me ha interesado: Stanley Kubrick.
Las últimas películas que me han emocionado: Samsara, de Pan Nalin, y Solas, de Benito Zambrano.
LH: Algunos aprendizajes de tu trayectoria poética, de tu aventura con las palabras, que te apetezca compartir.
Pedro: Ufh…